4 · EL OFICIO Y EL SET
Tu voz, seis meses después
Una cabina, seis meses después, a mediodía. Auriculares, una pantalla y un atril.
Leer el encargo entero
Cuatro frases tuyas están en la lista de ADR. Tienes cuatro maneras de volver a ellas y puedes usar cada una una sola vez — más una quinta que está siempre disponible y no funciona nunca.
- ESCENA
- Tu voz, seis meses después
- TOMA
- 1 de 4
- TOMA 1: por rodar
- TOMA 2: por rodar
- TOMA 3: por rodar
- TOMA 4: por rodar
«Baja. Por favor.»
Por qué está en la lista: Un tejado, en febrero, a las cinco de la mañana, y el viento se comió la toma entera. Nunca hubo una versión utilizable de esto.
«Se lo dije el jueves, en su casa, y se rio.»
Por qué está en la lista: Un avión en el segundo cuatro. La toma es buena — la interpretación está bien y como sonido no sirve.
«Nunca quiso volver.»
Por qué está en la lista: No existe. Se escribió en montaje tres meses después de rodar, para ponerla encima de tu nuca andando por un pasillo. Esta frase no la has dicho nunca.
«Vale.»
Por qué está en la lista: Falló el micro. Una palabra, y es la palabra con la que acaba la escena.
4 frases por grabar
La lección, por escrito¿Prefieres leerla sin jugar? Está entera aquí.
La circunstancia, no el sonido
El ADR es de las cosas más difíciles del oficio y casi nadie lo entrena.
Tienes que reproducir un estado que viviste en un tejado, en invierno, a las cinco de la mañana — desde una silla, con auriculares, a mediodía. Y el instinto que tiene todo el mundo es escuchar lo que hizo y volver a hacerlo. Eso es justo lo que no funciona nunca: quien imita su propia lectura suena a doblaje. Quien recupera la situación, suena a él.
Pero «la situación» no es una sola cosa, y por eso las cuatro frases pedían cuatro herramientas distintas. A veces lo que falta es un cuerpo que había subido seis pisos. A veces es una boca donde encajar, porque la interpretación ya estaba bien y solo se murió el sonido. A veces no hay original ninguno —la frase se escribió en montaje— y lo único que existe es adónde iba. Y a veces es una palabra sola, y lo que necesita es saber qué cara tiene delante.
Y ninguna de las cuatro es culpa tuya. Un avión, un viento, un micro, y una escena que cambió tres meses después de que te fueras a casa.
El oficio
Por qué hay ADR: un avión, un micro que falló, una localización que no se podía controlar, una frase reescrita en montaje. Se convoca meses después de rodar, se paga aparte, y es la última vez que un actor toca su propia interpretación — después del montador, después del etalonador, y antes de nadie.